
Se inscribió la convocatoria para la Asamblea Constituyente en plena época navideña. Y, como las medias que nadie pidió, este regalo despertó sentimientos encontrados. Es un regalo incómodo: de esos que no se pueden cambiar, devolver ni endosar.
Aún no se sabe exactamente para qué se quiere convocar esta asamblea. No se entiende qué busca ni qué problema concreto pretende resolver. Y tal vez por eso, porque no hay claridad sobre el propósito ni definición de objetivos, se siente como un regalo que no fue pensado con atención. Igual que las medias que nadie quiere, esto llega como algo que alguien compró a último minuto para cumplir, pero solo logró molestar.
Inevitablemente, surgen preguntas: ¿por qué ahora? ¿por qué a tan pocos meses del cambio de gobierno? ¿por qué no antes? Y una aún más importante: ¿qué revela esta acción de la persona que la promueve?
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