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Jorge Espinosa
Puntos de vista

Cantándole la tabla al presidente

La cumbre de gobernadores de la Federación Nacional de Departamentos tuvo un cubrimiento mediático mucho menor al del rocambolesco consejo de ministros televisado del pasado 4 de febrero. Los focos, sin embargo, debieron estar mucho más en Villa de Leyva, donde varios mandatarios le ‘cantaron la tabla’ al presidente Petro, y menos en aquel show triste y degradante en el que, como bien dijo William Ospina en su columna en El Espectador, pretendió “salvar su propia responsabilidad, aunque haya que hundir a sus colaboradores”. Para los despistados, un resumen: los gobernadores encabezados por el de Boyacá, Carlos Amaya, cercano al presidente Petro y al Gobierno, le reclamaron al mandatario por un país a la deriva, descuadernado y sin líder alguno. El propio Amaya, que disfruta de varias cuotas burocráticas en el gobierno, le dijo al presidente que no se han cumplido los acuerdos que se pactaron en la Casa de Nariño para sacar adelante “proyectos estratégicos para las regiones”.

Le siguieron, en nivel de reclamo e indignación, las palabras de la gobernadora del Chocó, Nubia Córdoba, que parada y con micrófono en mano le recordó al presidente que ese departamento, sí, hace parte de Colombia, y que ella “jamás había visto las vías” de su territorio “selladas con banderas y pipetas, con cilindros bomba. Nunca había visto el territorio completo sellado en una crisis humanitaria como la que tengo”. Petro, fiel a su estilo, permanecía sentado, en silencio, sin mirarla a los ojos. Días antes, en el consejo de ministros, la muy brillante y aplomada ministra de Justicia, Angela María Buitrago, ya decía que la política de la ‘paz total’ había fracasado. Lo dijo diplomáticamente, sí, pero lo dijo: “La población hoy se siente en una inseguridad permanente, bajo el fuego de grupos que no entienden —algunos— la bondad del proceso de paz. Y otros se aprovechan de esa bondad”.

La gobernadora del Tolima, Adriana Matiz, justo cuando el presidente Petro se retiraba después de uno de sus inútiles soliloquios de 76 minutos (porque, sí, el presidente cada vez más habla para sí mismo) tomó el micrófono y le preguntó: “yo qué le puedo responder a los arroceros del departamento, que están vendiendo la carga de arroz muy barata, y pasa lo mismo en el Meta, en el Huila, en el Casanare. Necesitamos una solución. Y usted habla de la niñez, ¿para cuándo los recursos para el PAE (programa de alimentación escolar) del año 2024, y los de 2025, para cuándo?”. Luego, en entrevista con Caracol Radio, diría la gobernadora que el Gobierno nada respondió, y que los 76 minutos de discurso no dejaron nada que fuera útil para las necesidades de su región.

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