
Ricardo Hausmann hizo una presentación en el chat de políticas públicas hace dos semanas que nos dejó pensando por qué no crece la economía colombiana, si al parecer hacemos todo lo que se necesitaría para crecer. El ingreso por habitante promedio ha estado prácticamente estancado en los últimos años. Ya venía creciendo muy pausadamente durante casi un siglo, como lo descubrió Rafael Rivas, que se ha tomado el trabajo de analizar el crecimiento del ingreso por habitante de Colombia y ha observado que el promedio móvil de este crecimiento es más o menos estable. Curiosamente, cuando cayó la tasa de crecimiento de la población se hubiera esperado que el ingreso per cápita hubiera subido, pero lo que se ajustó fue el crecimiento del PIB, que cayó para que no subiera el ingreso por habitante.
Hausmann sospecha que ese estancamiento se debe a que Colombia no ha aprendido a incorporar el cambio técnico para mejorar su productividad y dinamizar la economía. Rivas dice que es porque no hay aquí cultura ni tradición tecnológica como en países milenarios (Italia, China o India). Probablemente los dos tienen bastante razón.
Pero en el caso colombiano hay otro factor que posiblemente hay que tener en cuenta: los que gobiernan y los que apoyan a estos dirigentes no están seriamente comprometidos con el desarrollo económico. No hay un solo ministerio responsable del crecimiento económico, como si lo hay para todo lo demás, hasta para decrecer, a cargo de Irene Vélez en la Anla. Los presidentes generalmente no se ocupan del crecimiento sino para hacer alardes, y los ministros de Hacienda le prestan mayor atención a la estabilidad y a la inflación que al crecimiento. Si a alguien en Hacienda no se le hubiera ocurrido incluir en la ley del Banco de la República que, sin perder su independencia, la junta directiva tiene que coordinar con el Gobierno la política económica, tendríamos un banco inflexible, como el Bundesbank, exclusivamente interesado en estabilidad y no en crecimiento. Colombia ha manejado tradicionalmente la estabilidad mejor que el crecimiento. Ojalá a partir de 2026 se le conceda por lo menos igual importancia al crecimiento.
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