
El primer dilema que habrá de resolver el nuevo ministro de Hacienda es cómo convencer a su jefe que el ministro Guevara tenía razón, o sea, que se impone un ajuste severo en el gasto público, pues de lo contrario las cuentas no cuadran en 2025. Si el ajuste no lo hace el Gobierno, lo hará el mercado inexorable y traumáticamente.
El segundo dilema es definir si habrá o no reforma tributaria, en la que estaba empezando a dar las primeras puntadas el ministro descabezado. Debería descartarse esta alternativa y decirlo con claridad a los mercados: no habrá reforma tributaria en 2025. No hay ni clima político ni nada preparado en cuanto a sus contenidos.
Descartada una reforma tributaria (es decir, rentas frescas) solo quedan dos caminos para ajustar las finanzas públicas: más deuda, pero resulta que ya vamos camino al 70 por ciento del PIB, las tasas de interés siguen al alza y, por supuesto, los parámetros de la regla fiscal están desbordados. Por lo tanto, la posibilidad de ajustar las finanzas vía mayor endeudamiento debe descartarse.
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