
Ya Benedetti confesó que es un adicto a la cocaína y al licor, que ha sido un hijueputa con la familia y que estuvo en un centro de rehabilitación en México y ahora está sobrio. Se lo dijo a la revista CAMBIO y también al diario El Tiempo; dijo, además, que negaba tajantemente que Petro metiera cocaína o fuera un adicto. No he visto mayores comentarios sobre el asunto, ni sobre el acto de contrición del ministro, ni sobre las palabras que intentan salvar al presidente.
Nada que se parezca, aunque sea una pizca, al gran escándalo que suscitó la carta de Álvaro Leyva señalando a Petro de adicto a las drogas y de faltar a sus obligaciones a la causa de la adicción.
Los titulares podrían haber dicho cosas como esta: “Benedetti confiesa su grave falta y desmiente a Leyva en sus aseveraciones sobre Petro”. Pero nada. Vi y oí solo algunas alusiones laterales a esta confesión. No sé si Leyva sea más creíble que Benedetti, a mí los dos me disparan muchas preguntas. Pero esta vez me sonó más sincero Benedetti.
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