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Federico Díaz Granados
Puntos de vista

Las palabras del cuerpo

El mundo sigue siendo el escenario de un tiempo de velocidad, de mucho ruido, donde la gritería se apodera de todo hasta de los espacios de soledad donde estamos frente a pantallas y redes donde, al igual que en el mundo presencial, nadie escucha a nadie. Una persona cercana escribe correos electrónicos y mensajes de WhatsApp en mayúsculas sostenidas y algunas veces subraya la totalidad del mensaje o lo destaca en negrilla. No ha podido entender que en los nuevos códigos de la comunicación eso equivale a un grito o a un gran alarido. Pareciera que entramos en una nueva edad media donde la censura, el insulto y la calumnia dominan los auditorios y los canales de información y los medios pasan por una profunda crisis de credibilidad. Los más jóvenes prefieren informarse en Tik Tok o en X antes de acudir a algún medio tradicional.

Sin embargo, estamos a pocos días de celebrar nuevamente el día del idioma, del libro, de las bibliotecas y volveremos sobre aquellos libros que sobreviven a estos días tan convulsos. El próximo 25 de abril se abrirán las puertas de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, FilBo 2025, una fiesta de diecisiete días alrededor de los temas y asuntos que nos permiten pensarnos desde este presente de incertidumbres. Con acierto, el tema central de la feria será ‘Las palabras del cuerpo’, con el propósito de poner al cuerpo y al lenguaje como centro de la conversación y de la reflexión. En el cuerpo nacen las palabras, la imaginación y las emociones y desde ese lugar debemos pensar muchos de los temas que hacen parte del debate público actual. El manifiesto de la FilBo este año dice: “La reflexión sobre el cuerpo nunca había sido tan intensa como en nuestros días: tradicionalmente, el cuerpo ha sido objeto casi exclusivo de la exploración científica, pero en nuestro tiempo, tal vez más que nunca, se piensa y se cuestiona desde múltiples miradas. El cuerpo también es el lugar donde nos ocurren cosas maravillosas como la imaginación, el lenguaje, las emociones, el placer” y más adelante concluye que “Es momento de continuar con la discusión que ya comenzó en los libros y dedicar el programa oficial de la feria a esa frontera que, indisociable del tiempo, nos delimita y nos materializa, en la que los embates y los placeres toman forma, y a través de la cual la identidad y la resistencia se forjan y se defienden: el cuerpo, los cuerpos”.

En un tiempo y un mundo de algoritmos, cada vez más digital, acierta la FilBo al proponer regresar al cuerpo como epicentro de nuestra existencia. Quizás desde el dolor o el placer o desde la apropiación misma de nuestros miedos o deseos a través de la materia que nos sostiene y que habitamos la feria nos invita a detenernos ya recordarnos desde nuestra más profunda humanidad. Nos visitarán autores y autoras que escriben desde el latido y el pulso de la vida y que desde allí nos invita a recordar las razones por las cuáles estamos vivos. Y qué mejor que hacerlo desde una celebración de los libros y de las conversaciones que alrededor de ellos ocurren.

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