
Hace unos días fui una especie de Josef K. Y ya verán por qué.
Cuando llegó el día de pagar el recibo del agua en mi casa, lo hice por la tarde, exactamente a las 3 y 34, mediante transferencia electrónica desde mi cuenta de ahorros, igual que siempre. Pero, en la noche, me llegó un mensaje de texto que anunciaba otro pago del mismo recibo de agua, por el mismo valor. Eran las las 9 y 15.
De inmediato revisé y en pocos minutos me di cuenta de que —algunos meses atrás— había inscrito el pago del agua al sistema del débito automático. Seguro fue en algún arranque de organización de cuentas que debí tener. La verdad, no lo recuerdo.
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