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Jorge Espinosa
Puntos de vista

La autofagia del cambio

Nunca un gobierno colombiano había tenido una vocación tan especial para la autofagia. Lo que comenzó como un gobierno de unidad nacional, convocando amplios sectores progresistas y liberales en el primer gabinete de Gustavo Petro, ha terminado en el triunfo absoluto de la pereza, la mediocridad y el fanatismo. El episodio más reciente –y no será el último– lo protagonizó la ministra de Justicia, Ángela María Buitrago, que renunció de manera irrevocable después de denunciar que el ministro del Interior, Armando Benedetti, y la directora del Dapre, Angie Rodríguez, habrían ejercido presiones indebidas para influir en decisiones internas del ministerio. En particular, intentaron forzar la salida del funcionario Ludwing Valero, entonces director de la Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios (Uspec).

La respuesta del presidente Petro, en lugar de prestar atención a las denuncias de su ministra y preguntarse los motivos de esas presiones, fue mentir diciendo que fue él quien le pidió la renuncia porque había una “falta de sintonía con ejes estructurantes de mi programa de gobierno en el terreno de la paz”. Miente porque, como le contestó Buitrago con la altura y la decencia que la caracteriza, ella envió su carta de renuncia el 12 de abril, y se enteró de que, supuestamente, le habían pedido que se fuera el viernes 16 de mayo. “Me acabo de enterar”, concluyó. Un día antes, en entrevista con Caracol Radio, Armando Benedetti negaba haberle hablado a Buitrago de cargos, desestimando esa información como una “falsedad”. Veinte minutos después, Buitrago lo reiteraba en la misma emisora, y además daba detalles de las conversaciones.

Tal vez a Buitrago, además de haberse negado a las pretensiones burocráticas de Benedetti, le cobraron haber dicho en el caótico consejo de ministros del pasado 4 de febrero que la paz total necesitaba replantearse, para luego explicar con sensatez que “hay gente a la que solo le importa la oferta y la demanda… Podemos lograr la carretera, el acueducto, pero el tema que claman todas las regiones es la seguridad. La población hoy se siente en una inseguridad permanente, bajo el fuego de grupos que no entienden —algunos— la bondad del proceso de paz. Y otros se aprovechan de esa bondad”. Buitrago, en ese momento, manifestó lo que sienten los habitantes de muchas regiones del país que ven crecer las extorsiones, los homicidios y la inseguridad en general mientras el presidente, en su mundo de fantasía, habla “del país de la belleza” y otros eslóganes vacíos semejantes.

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