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Jaime Honorio González
Puntos de vista

Muerte, nos vemos a las siete

Se conocieron en un evento universitario de creativos colombianos. Hablaron de diseño, de publicidad, de arte y de fotografía, ahí hicieron clic, se enamoraron, se ennoviaron, se casaron y fueron felices, muy felices, once felices años, hasta el último de los días de él. Ese fue el pasado lunes y todo terminó unos minutos antes de las nueve.

Conocí a José hace casi diez años, en la videoteca del Palacio de Nariño, haciendo el mismo trabajo que tuvo hasta enero pasado. Era un hombre juicioso y tranquilo, “muy buen tipo”, dije yo, “un bello ser”, me escribió el lunes pasado un amigo que también lo conoció cuando me preguntó si lo recordaba.

De forma breve me contó que José estaba padeciendo un agresivo cáncer y que ya se encontraba en fase IV, es decir, terminal, noticia que me entristeció al instante, aunque no alcancé a digerirla cuando leí el siguiente mensaje:

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