
Voltear la arepa. Es lo que ha hecho Gustavo Petro al proponer una consulta popular para sacar adelante la reforma laboral que le negó el Congreso de la República. Si Petro se hubiera cruzado de manos ante la decisión de ocho senadores de la Comisión Séptima del Senado de archivar su proyecto de reforma, habría quedado muy mal parado frente a las organizaciones sindicales del país y frente a millones de trabajadores.
Alfonso López Michelsen y María Elena de Crovo son dos personajes que han rondado mi memoria, insistentemente, en estos meses de grandes dificultades para las reformas sociales que ha intentado el gobierno de Petro. Pensaba que al primer presidente de izquierda le podría ocurrir lo mismo que a López hace cincuenta años.
López llegó a la presidencia en 1974 con la promesa de enterrar el Frente Nacional entre liberales y conservadores y producir grandes cambios sociales, entre ellos una transformación de las relaciones laborales. Fracasó en los dos propósitos y ese fracaso desató una oleada de movilizaciones y protestas que tuvo su punto más alto en el paro cívico nacional de 1977.
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