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Jaime Honorio González
Puntos de vista

Día del padre

Esta semana murió mi tío Delfín en un hospital de Boyacá. Tenía 99 años y era el hermano mayor de mi padre, que se le adelantó en ese viaje eterno más de dos décadas. 24 años, para ser exactos. Extraño a mi papá.

Mi tío, hijo de dos bellos campesinos, Vidal y Conchita, nació en una finca y vivió toda su vida en el campo, donde crio a sus siete hijos. Ya no soportaba los achaques de la vejez y finalmente se fue de este mundo. Todos pensaron que fue lo mejor. Un hombre maravilloso.

Hoy será un día amargo para mis primos. Su primer día del padre sin el padre. Es tan difícil. Lo digo yo que, por obvias razones, no celebro esta fecha por iniciativa propia. En cambio, me revuelvo en mi desconsuelo, me refugio en mis recuerdos, lloro a escondidas y escupo un par de silenciosos improperios. Aunque, desde hace unos años, casi siempre que estoy en la mitad de mi autoflagelación, de repente escucho a lo lejos una sonora carcajada que me saca de la tristeza y me devuelve a mi realidad: sí, es verdad, mi papá no está, pero ahora yo soy papá.

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