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Marta Orrantia
Puntos de vista

Entre la tragedia y la estadística

Stalin decía que una muerte era una tragedia y un millón de muertes eran una estadística. Puede ser que tuviera razón. Estamos presenciando una guerra mundial, luchada por proxis, pero guerra mundial al fin y al cabo, y es probable que, en los miles de muertos que hemos empezado a acumular, veamos la estadística y no la tragedia.

Para este punto, muchos hemos tomado un lado. Apoyamos a uno u otro bando, como se apoyaría un equipo de fútbol, con la misma ligereza y con la tranquilidad de estar tan lejos que no nos van a tocar las bombas y los misiles que caen en Ucrania o el Medio Oriente, preocupados más bien por nuestra violencia local, que también está escalando y que no es un asunto menor.

No nos damos cuenta de que todas las violencias son la misma. Son seres humanos asesinando a otros seres humanos. Pero más allá de eso, lo que compartimos son esas tragedias individuales, porque el dolor de perder un hijo en la guerra es igual para una madre palestina, una israelí, una rusa, una ucraniana, una iraní o una colombiana. Es un dolor inconmensurable y eterno, que resulta a todas luces injusto y estúpido, sin importar de dónde vengan las balas, ni quién tenga la razón.

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