
No soy muy exigente en materias del vestir. Trato de facilitarme la vida en ese aspecto. La practicidad y la sobriedad, más que la moda, orientan mis escasas compras. Cuando encuentro algo que me gusta, de una vez me llevo una decena de la misma prenda. Duro años con esa pinta hasta el punto de que mucha gente cree que no me cambio de ropa.
Eso sí, hay algo que para mí es un absoluto anatema. No soporto las vestimentas de doble faz. Me parecen abominables esas prendas que son de un color o una función de un lado y otra completamente distinta del otro. Y lo mismo me pasa en todos los aspectos de la vida, en particular en la política y los asuntos públicos.
Las democracias deben tenerles miedo a los líderes afectos a las prendas de doble faz. Así como visten, así se comportan. Sospecho que el guardarropa de Gustavo Petro debe estar a reventar de esas horripilantes vestimentas. Ya es proverbial en la misma izquierda, en el M-19, entre sus compañeros de lucha, en los defenestrados funcionarios, que Gustavo Petro es un hombre de doble faz.
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