
Murió impune: Rafael Samudio y el precio del olvido en un país que dice querer la paz
Rafael Samudio Molina murió justo cuando Colombia se prepara para conmemorar los 40 años de la tragedia del Palacio de Justicia. La paradoja es brutal. Cuatro décadas después, seguimos exhumando cuerpos, buscando verdades, reconstruyendo fragmentos de lo que ocurrió en esa asonada estatal disfrazada de operación de rescate y retoma. Mientras tanto, el máximo comandante del Ejército de entonces muere libre, impune, sin haber rendido cuentas ante la historia ni ante la justicia.
Asombra —e indigna— leer cómo algunos medios de comunicación hoy se refieren a él como “uno de los protagonistas del controvertido operativo de retoma del Palacio de Justicia”. ¿Controvertido? Lo que muestran los videos, los testimonios, los informes forenses y las investigaciones independientes no es materia de debate: son hechos. Son tanques disparando sobre un edificio civil, cuerpos calcinados, personas desaparecidas, ejecuciones extrajudiciales, violencia sexual, cremaciones irregulares y actas falsificadas. Es la institucionalización de una masacre. ¿Qué parte de eso resulta controvertida?
En este audio, donde se escucha su voz dando la instrucción de arrasar con todo y aprovechar que aún no ha llegado la Cruz Roja, se evidencia exactamente quién fue Rafael Samudio:
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