
Entró en la ciudad un burro que acarreaba en su lomo la estatua de un dios. A su paso, muchos se arrodillaban y el burro, creyendo que lo adoraban a él, se hinchó de soberbia, se puso a rebuznar y no quiso seguir adelante. El arriero que lo llevaba, azotándolo, le dijo: “no eres tú el dios, burro, sino que llevas al dios”.
Esta fábula de Esopo fue rescatada por el humanista Andrea Alciato en el siglo XVI y hacía parte de sus Emblemas, que consistían en un lema y unos versos acompañados de imágenes. Este era el Emblema VII, titulado Non tibi, sed religioni (No a ti, sino a la religión).
Alciato se refería, entonces, al abuso de poder por parte de los sacerdotes, los obispos, los cardenales y el mismo papa. Ellos son representantes de la religión, es decir, los burros que cargan la estatua de dios en su lomo, y, por lo tanto, cuando la gente los alaba o los bendice o se arrodilla a su paso, no se arrodilla ante el hombre sino ante la representación de dios.
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