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Rodrigo Botero
Puntos de vista

Patrimonio público ambiental y contabilidad nacional

La inclusión o no, del patrimonio público ambiental dentro de las cuentas de la Nación, podría cambiar poderosamente la toma de decisiones sobre la inversión territorial, los modelos de desarrollo regional y la participación social en estos beneficios. La estabilidad de la regulación hidrológica, la preservación de suelos agrícolas, el agua potable, el acceso a la biodiversidad, la mitigación del calentamiento, la conservación de los bosques y ecosistemas públicos, la calidad del agua en zonas marino costeras, el aire urbano y rural, o la pérdida de servicios ambientales en las áreas protegidas, hoy no están siendo incorporados dentro de esa contabilidad, siendo entonces en general un pasivo creciente, sin doliente y sujeto de la rapacidad de diferentes fuerzas.

Colombia tiene diferentes sistemas de seguimiento e indicadores, dependiendo de la escala y tipología del análisis que, si bien es cierto, corresponde a los enfoques intersectoriales. También es cierto que no existe un sistema unificado que nos permita hacer seguimiento como Nación sobre el estado del patrimonio público ambiental. En particular, no es solo el asunto de una presentación de indicadores, sino del análisis sobre los activos y pasivos ambientales del país y las necesidades de intervención, restauración, protección, potencialidad de uso y focalización de inversión, lo cual no corresponde a un único ministerio (claramente sobrepasa las capacidades y competencias del de Ambiente, Agricultura y otros), lo cual nos remite al DANE, que como rector nacional de la generación de información y de la actualización de los censos, empieza a dar señales claras de incorporar este enfoque. Un enfoque que además, se viene impulsando en diferentes países del mundo en consonancia con la discusión que plantean grandes agencias del desarrollo como el Fondo Monetario Internacional, la Corporación Financiera Internacional y el Banco Mundial, entre otros, que en el marco de los límites del desarrollo económico y de la sostenibilidad ya arrancan en ese proceso.

Miles de hectáreas están hoy bajo las aguas por la inundación de las cuencas de los ríos Ariari, Guayabero, Guaviare e Inírida, entre otros, cargando toneladas de sedimentos que ya no se retienen en zonas de reciente deforestación, y que empujan el cambio aún más rápido de los cauces principales en ríos meándricos y trenzados. Todos los tipos de agricultura intensiva ‘acechan’ las vegas y terrazas bajas de los ríos, buscando fertilidad, agua y topografía plana, donde es casi imposible en que se mantengan las famosas ‘rondas’ de ríos, o cobertura arbórea en sus márgenes, pues la expectativa de uso agropecuario supera cualquier lógica ambiental, así el paisaje quede en riesgo de sostenibilidad. Arroceros, plataneros, ganaderos, palmeros y cañeros, entre otros, transforman terrazas aluviales y vegas, mientras los eventos climáticos extremos son cada vez más fuertes, y se reduce la resiliencia de los paisajes. ¿Quién tiene las cuentas de cuánta tierra debemos restaurar en las rondas de ríos del país y el estado de sus suelos y aguas?

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