
Un incremento en la tasa de autorretenciones puede tener alguna justificación cuando se han aumentado -mediante una reforma tributaria- la base gravable de los impuestos que deben pagarse. Este no es el caso actual: no ha mediado una reforma tributaria que aumente la tasa gravable del 'imporrenta' de los ingresos percibidos en 2025, distinta de la que ya venía existiendo.
Con lo cual se puede deducir, sin mayor esfuerzo mental, que el decreto expedido por el Gobierno es de la más rudimentaria factura; prácticamente expropia la caja de las empresas; tiene un impacto enorme que Fedesarrollo calcula en 11.9 billones de pesos que se le succionan inopinadamente al ya escuálido sector privado; decapita las posibilidades de inversión futura de la economía; y muestra un Gobierno desesperado jugando a una peligrosa gallina ciega contra las empresas colombianas, simplemente para financiar atolondradamente su insaciable apetito burocrático.
Don Rafael Pombo nos cuenta que Simón el bobito “vio un montón de arena que estorbaba el paso y unos preguntaban: '¿qué haremos aquí?'. 'Bobo', dijo el niño, resolviendo el caso: 'que abran un gran hoyo y la echen allí'”.
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