
Si yo fuera presidente, lo primero que haría sería impulsar de manera decidida la eliminación de la inútil figura de la Vicepresidencia. Es una verdadera pérdida de plata, de tiempo, de recursos y de todo. No sirve para nada representativo ese cargo tal como está diseñado en nuestra Constitución. No sirve, no insistan. Sólo genera problemas, líos, celos, enredos, odios.
Acá funcionó muy bien la figura del designado, un tipo que escogía el Congreso por un par de años, con un guiño del presidente de la República, para que estuviera atento en caso de que le sucediera algo al jefe de Estado que le impidiera ejercer su cargo. Su única misión era la de —en caso de que eso pasara— citar a elecciones antes de dos meses. Y por supuesto, gobernar hasta que se escogiera al nuevo mandatario.
El designado podía ser cualquiera, ejercía su profesión u oficio sin problema, no se le pagaba sueldo, no era empleado público, no conspiraba al interior del Gobierno, no nos representaba, no hacía campaña, con muy poca o ninguna incidencia en las decisiones del presidente de turno.
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