
La amenaza crece sobre el bosque tropical continuo, mejor conservado y más grande del planeta –más de 300 millones de hectáreas–, que se encuentra en la Amazonía continental noroccidental donde se concentran los grandes territorios indígenas, de áreas protegidas y bosques en tierras públicas de los países amazónicos. De ese bosque depende la seguridad climática continental, en especial por su papel en la regulación de los ríos voladores, la retención de agua superficial y el enfriamiento atmosférico. Es decir, disponibilidad de lluvias, temperaturas y caudales regulados, indispensables en tiempos de crisis climática.
Lo anterior en un marco donde la mayor biodiversidad del planeta está asociada directamente al mayor número de territorios y culturas indígenas conocidas y refugio de los últimos pueblos indígenas en aislamiento voluntario del planeta. Todo este impresionante valor de la humanidad, concentrada en nuestros países, está amenazada gravemente debido a la locura mundial por el negocio de oro –el ‘narcótico’ que tiene adictas las economías de los grandes países–, metales de transición –la obsesión de otros–, ganadería, apropiación de tierras, lavado de activos, megaproyectos de infraestructura, así como una demanda internacional de narcóticos cada vez mayor, que se entrecruza con la oferta de armas y recursos públicos que está transformado y sometiendo el territorio y su gente a pasos agigantados.
Esta semana participé en el Foro Brasilero de Seguridad Pública, celebrado en Manaus y con foco en la región amazónica, en un evento convocado por la sociedad civil, con amplia participación del gobierno federal y los estaduales, así como los sectores privado, académico y de organizaciones civiles y algunos expertos de diferentes países de la región. Los participantes coincidieron en la urgencia de abordar de manera paralela el mejoramiento de las condiciones socioambientales, la recuperación de la seguridad pública y el combate al crimen transnacional bajo un enfoque mixto donde las políticas para mejoramiento de las condiciones de vida de la población local es la única garantía de sostenibilidad frente a las operaciones de seguridad. La presencia del Tren de Aragua, del EMC, de los Comandos de la Frontera y del Estado Mayor de Bloques, además de la cada vez más fuerte presencia del Comando Vermelho y el Primer Comando Capital –más al sur–, en un gran corredor de coca, marihuana, oro, armas, tráfico de personas, madera, biodiversidad y lavado de activos, entre otros negocios del portafolio, hacen de esta frontera una zona de interés para estos países, así como para la comunidad internacional que ve con preocupación el crecimiento de las economías ilegales en esta región y sus repercusiones más allá de las fronteras. Además, una tentación para la nueva directriz del gobierno de Estados Unidos de hacer intervenciones militares en “el ataque a carteles que ponen en riesgo su seguridad”; tremendo riesgo el que se abre frente a esta política de intervención.
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