Ir al contenido principal
Marta Orrantia
Puntos de vista

Hambruna

Un niño desnutrido abre la boca en un grito que no escuchamos. Está colgado de los brazos de su madre, que llora con él. Otro niño, más pequeño, yace moribundo en una esquina, ya tal vez sin esperanza. Un padre herido carga un bulto de comida en la cabeza y dice que arriesga su vida para llevar algo a su familia. Lo dice mientras la sangre le baña la cara, lo dice con la voz cortada, con los ojos secos de tanto llorar, con los labios resquebrajados por la sed.

Gaza está sufriendo de hambre. La gente está muriendo porque los bloqueos de Israel no permiten que entre comida en la región y los pocos convoyes que pueden pasar son atacados, literalmente, por hordas de personas, muchas de las cuales no son padres o madres que buscan alimentar a su familia, sino acaparadores, que venden lo que puedan en el mercado negro a precios exorbitantes.

Las imágenes de Gaza son aterradoras. Son crueles, violentas, una vergüenza para una humanidad que se cree civilizada, pero aun así deja que esto ocurra en sus narices. Porque el mundo entero ha escogido mirar a otro lado, como si esta tragedia y esta hambruna y esta cantidad de muertes inocentes no fueran con ellos. Ni los países de Medio Oriente, ni Europa, ni los Estados Unidos han intervenido, y cada uno tiene sus razones políticas para mantenerse al margen. O no, al margen no, porque al tiempo que se hacen los de la vista gorda con la tragedia humanitaria, venden armas a uno y otro ejército y apoyan, con su silencio cómplice, un asesinato masivo.

Regístrate para seguir leyendo

Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión

Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir artículo en redes sociales