
El Gobierno de Donald Trump ha desplegado una poderosa fuerza militar en el Caribe. Barcos anfibios, destructores, aviones, submarinos y cerca de 5.000 marines asedian a Venezuela. El objetivo explicito es golpear los carteles de la droga que operan en esa área. Pero el Gobierno de Estados Unidos ha dicho también que Nicolás Maduro y la cúpula que gobierna a Venezuela hacen parte de esos carteles. Es decir, el propósito subyacente de la operación es presionar una negociación o remover, mediante la fuerza, al régimen imperante en el vecino país.
Ya el expresidente Álvaro Uribe, el 13 de enero de 2025, en un evento público ante sus seguidores en la ciudad de Cúcuta, había clamado por una intervención militar en el vecino país para desalojar a Maduro del poder. Sus deseos, al parecer, podrían cumplirse. Por su lado, Vicky Dávila, la candidata de la derecha con mayor aceptación en las encuestas, en entrevistas y actos de campaña ha hecho en estos días el mismo llamado.
Quizás Vicky Dávila, una muy hábil reportera en sus tiempos de periodista, no tenga idea de las consecuencias que tendría para Colombia una intervención militar en un país con el que compartimos una frontera de 2.100 kilómetros; frontera, donde, precisamente, una variedad de grupos ilegales comercian la cocaína que sale de nuestro territorio; pero Uribe, curtido en las lides de la guerra, sí sabe los alcances de una aventura militar en el país que tiene las mayores reservas petroleras del mundo, que se ha recostado en China y en Rusia -potencias militares globales-, y que de tiempo atrás recibe asesoría del Gobierno cubano para afrontar las conspiraciones urdidas desde Washington.
Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios












