
En el pueblito todo sigue igual. Unas calles continúan sin pavimentar, las mismas fachadas permanecen modestas, el calor abrasa sin contemplación, la modorra se cuela por entre las rendijas, el aire pesa, la vida se demora. Y la muerte, la muerte ya estuvo por allá.
Estuvo hace tres años, exactamente el 25 de julio, disfrazada de verde oliva; y se llevó a los tres, al mismo tiempo, de la misma forma, con los mismos testigos y en el mismo miserable platón de una camioneta oficial que avanzaba velozmente por la carretera mientras las ramas de los árboles se bamboleaban silbando a lado y lado. Hasta que las balas rompieron el atronador silencio.
Tres años después, ya nadie se acordó de nada, ya a todos se les olvidó, ya no salieron en noticias, ya esos tres muertos se quedaron atrás. Tampoco es que sea muy raro que maten gente en este país. Además, vivimos embobados viendo fútbol, videos caseros de crímenes, cámaras de seguridad mostrando raponazos de celulares y el juicio contra Uribe.
Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios













