
La reacción de Antonio Sanguino a una columna crítica confirma lo que señalé: la cabeza del Ministerio del Trabajo prefiere el espectáculo político al rigor técnico, discreto y que construya país.
Por: Luis Alberto Arango
La semana pasada publiqué una columna en la que cuestioné el estilo mediático con el que el Ministerio del Trabajo, bajo la dirección de Antonio Sanguino, abordó las inspecciones laborales a Supertiendas y Tiendas Olímpica. No cuestioné la inspección ni la dignidad de los trabajadores, sino el espectáculo que se montó alrededor de las acusaciones: un video editado con esmero, una rueda de prensa teatral y un discurso divisionista que enfrenta a empleados y empresarios.
El ministro me respondió el mismo día en X, con tono burlesco y condescendiente:
“Vaya… vaya… señor @LuisArangoEs, qué poco empatica (sic) su trasnochada teoría de que hacer de conocimiento público que 9 de cada 10 trabajadores de Supertiendas Olímpica no son contratados directamente por la empresa sino a través de mecanismos de tercerización y otras violaciones a la ley laboral es un show…”
Y remató: “Un defensor de oficio de Olímpica debía saber que el capitalismo tiene una etica (sic) y esos mandatos éticos conductuales se condensan en un código laboral que muy a su pesar los patronos están obligados a cumplir.”
Vaya…vaya… señor @LuisArangoEs, que poco empatica su trasnochada teoría de que hacer de conocimiento público que 9 de cada 10 trabajadores de Supertiendas Olímpica no son contratados directamente por la empresa sino a través de mecanismos de tercerización y otras violaciones a… https://t.co/HJ56D2W5fq
— Antonio Sanguino (@AntonioSanguino) August 23, 2025
Ese tono no corresponde a un ministro de Estado, sino a un activista de redes. Lo mínimo que esperaría un ciudadano es que un ministro responda con altura, seriedad y solidez técnica. Cada palabra que pronuncia pesa, porque no habla como individuo: habla en nombre de la entidad.
“Un detalle revelador: en su respuesta usó el término 'patronos', proscrito desde la ley 50 de 1990 por ser denigrante”.
Pero además hay un detalle revelador. En su respuesta, el ministro usó el término “patronos”, proscrito desde la ley 50 de 1990 por ser denigrante. Ese lenguaje rezagado y anquilosado de quien dirige el Ministerio del Trabajo es fiel impronta de un sesgo ideológico que aleja la entidad de la modernidad técnica que debería proyectar.
Hasta ahí ya era llamativo el comportamiento del ministro, por decir lo menos. Pero siguió insistiendo: dos días más tarde publicó otro mensaje en su red social X —que incluso dejó fijado en su perfil durante toda la semana— en el que no me nombra, pero alude a mí y a quienes hemos sido críticos de su estilo. Allí, irresponsablemente, insinúa que soy un “defensor de oficio” de las violaciones laborales, que me incomoda que el Ministerio publique hallazgos y que añoro épocas de permisividad frente a abusos. Nada de eso escribí, ni lo he defendido jamás.
Le respondí tan pronto me percaté del irresponsable mensaje del ministro: no me opongo al control, me opongo al linchamiento. No cuestioné la inspección ni el deber constitucional del Ministerio, cuestioné el show que él mismo protagonizó: video cuidadosamente editado, rueda de prensa y acusaciones lanzadas antes de que exista sanción o debido proceso. Pero el ministro prefiere evadir esa crítica y contestar con descalificaciones falsas.
Ese es el verdadero problema: confunde fondo con forma. Cumplir la función de inspección, vigilancia y control es su deber. Nadie lo discute. Lo que se cuestiona es que lo convierta en espectáculo político, con titulares rimbombantes y frases incendiarias que estigmatizan antes de sancionar. Eso no fortalece la institucionalidad, ni el mercado de trabajo, ni el tejido empresarial, los debilita.
“Pero el ministro prefiere evadir esa crítica y contestar con descalificaciones falsas”.
La dignidad laboral no se garantiza con arengas de plaza pública, ni con activismo político en redes sociales ni con videos hechos con esmero. Se garantiza con inspecciones serias, sanciones firmes y planes de mejora que genuinamente fortalezcan el tejido empresarial y generen confianza entre trabajadores y empleadores. El populismo laboral puede dar aplausos fáciles, pero deja cicatrices profundas: erosiona la confianza, espanta la inversión y somete a los trabajadores a un relato de confrontación permanente.
Más grave aún: cuando un ministro emite juicios de valor en público sobre procesos en curso, compromete la imparcialidad de su propia entidad. Sus declaraciones pueden convertirse en insumo para alegar prejuzgamiento o incluso para reclamar responsabilidad patrimonial contra el Estado. Lo que parece un simple comentario de un ministro, que no se ha desprendido de su vestido de activista en redes sociales, puede tener consecuencias jurídicas de fondo.
No se trata de defender a una empresa. Se trata de defender la institucionalidad y a nuestro mercado laboral. Estoy seguro de que la mayoría de los funcionarios del Ministerio del Trabajo son técnicos serios, comprometidos y que cumplen su labor con la altura que merecen los ciudadanos. Ellos no son el problema: el problema es el estilo del ministro, que contamina ese trabajo valioso con activismo mediático y polarización.
“Lo que no construye, ministro, es linchar públicamente a los inspeccionados, acusándolos antes de sancionarlos y sin respetar el debido proceso”.
Por otro lado, la paradoja es evidente: Sanguino fue rápido, muy rápido, para responder en X a una columna de opinión. Incluso, mediante dos mensajes. Pero su Ministerio lleva casi dos años sin contestar un derecho de petición que radiqué el 31 de octubre de 2023, solicitando información sobre las negociaciones con los 16 sindicatos de la entidad. No creo que haya nada que ocultar. El radicado es 05EE2023320000000084839. Sigo esperando respuesta.
Ministro Sanguino, así le incomode, la crítica es el costo de la democracia. Incluso cuando esa democracia permite que un ministro utilice falsos argumentos para defender sus iniciativas. Usted tiene una trayectoria política de peso que podría poner al servicio de fortalecer la institucionalidad laboral del país. No la desperdicie en shows mediáticos ni en respuestas de activista.
Gobernar con seriedad es responder con genuino interés por los trabajadores, y eso significa que lo que más le sirve a Colombia es fortalecer el tejido empresarial, incluso si ello implica ejercer funciones sancionatorias. Lo que no construye, ministro, es linchar públicamente a los inspeccionados, acusándolos antes de sancionarlos y sin respetar el debido proceso.
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Mi e-mail es: columnaluisarango@gmail.com.
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