
Hoy, ningún profesional o técnico puede darse el lujo de dejar de aprender. La formación continua ya no es un complemento, sino la base misma de la competitividad y la vigencia profesional.
Por: Luis Alberto Arango
Hace pocos días se conoció una noticia que no puedo dejar pasar desapercibida, porque encierra una lección sobre liderazgo empresarial. Grupo Nutresa anunció una alianza con el Georgia Tech Scheller College of Business para becar a algunos de sus colaboradores y que realicen un MBA en Atlanta, Estados Unidos. La iniciativa, promovida por su presidente, Jaime Gilinski, busca formar líderes con visión global y fortalecer el desarrollo empresarial colombiano. Más allá del titular, la decisión de Nutresa es un mensaje claro: en las organizaciones que piensan en el largo plazo, la educación es parte del modelo de negocio.
En el mundo empresarial contemporáneo, quedarse quieto es retroceder. Los cambios tecnológicos, sociales y de gestión avanzan a tal velocidad, que lo que ayer era suficiente para dirigir con solvencia, hoy puede resultar obsoleto. Por eso, la formación continua de los niveles ejecutivos, gerenciales y técnicos es una obligación.
Durante años se pensó que bastaba con acumular experiencia práctica. Esa experiencia, sin duda, es insustituible. Pero el conocimiento –tanto técnico como gerencial– se transforma constantemente. Hoy, las competencias “duras” (como el manejo de herramientas digitales o metodologías de producción) evoluciona casi al mismo ritmo que las “blandas”, como liderazgo, negociación o comunicación efectiva. Quien no se actualiza, corre el riesgo de quedar rezagado.
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