Ir al contenido principal
Adriana Arjona
Puntos de vista

El mundo es más grande que Trump

Nueve meses de Trump en la Casa Blanca han alcanzado para confirmar lo que ya sospechábamos: más que presidente, este señor tiene alma de dictador. Y no hablo solo de Estados Unidos. Él quiere —y a ratos lo consigue— jugar al dictador del mundo.

No exagero. Un dictador es quien concentra todos los poderes, usa la fuerza para imponer lo que desea y se salta la ley como si fuera un charco en el andén. Trump convirtió esa definición en su manual de cabecera: quiso sumar a Canadá como “un estado más”, comprar Groenlandia como si estuviera en rebaja, reclamar el Canal de Panamá como suyo y hasta rebautizar el Golfo de México. Ni los niños más tramposos en el recreo inventan reglas con tanta desfachatez.

Ningunea en público a quien se le antoja, siendo los más vilipendiados Zelenski y Macron, y mientras tanto se abraza con su cómplice preferido, Netanyahu, para arrasar con Palestina y convertirla en proyecto inmobiliario de lujo.

Regístrate para seguir leyendo

Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión

Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir artículo en redes sociales