Ir al contenido principal
Federico Díaz Granados
Puntos de vista

Desconfianza en la mirada

Dijo el apóstol Tomás, pescador de Galilea: “si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, y si no meto mis dedos en los agujeros sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su costado, no creeré”. Poco después, Tomás reconoce a Jesús y exclama: “Señor mío y Dios mío”, luego de meter los dedos en las llagas divinas.

Dos mil años después seguimos desconfiando de lo que no vemos, pero también de lo que vemos. Todos los días circulan por nuestras redes y medios imágenes hechas con Inteligencia Artificial con tal perfección que nos hacen desconfiar de nuestra propia mirada. Hace un tiempo, las fotos se modificaban con Fotoshop y no hace mucho con artesanales collages cuya manualidad era una certeza ante la mirada. Pero hoy hay que mirar varias veces, confrontar, detenerse, ampliar el zoom y sobre todo dudar. Ahora bien: dudar es necesario para formular las grandes preguntas y detenernos es una urgencia en este tiempo de velocidades infinitas, pero añoro la confianza que tuvimos hasta hace poco en nuestra mirada y nuestra propia constatación de tocar, como el apóstol Tomás, las llagas de Dios.

Desconfiamos también de las palabras. Las imágenes y las palabras parecieran respirar en modo real. Imitan las formas exactas de la vida y de nuestro carácter. Repetimos desde el Nuevo Testamento y durante muchos siglos a Tomás: “ver para creer”, como si la mirada fuera el sinónimo absoluto de la verdad. Ahora miramos, sospechamos, nos fascinamos mirándonos a nosotros mismos, hacemos miles de selfies y guardamos miles de fotos de lugares, viajes y momentos que nos perdimos de observar y disfrutar en vivo y en directo por estar registrándolos en nuestras cámaras y teléfonos celulares. Entonces, ¿por qué tanta certeza en las imágenes que guardamos en nuestros celulares si al final no comprendemos aquello que vimos? Es un signo de nuestro tiempo porque las redes tienen certeza y seguridad de nuestras emociones mientras nosotros perdemos la oportunidad del goce y del asombro.

Regístrate para seguir leyendo

Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión

Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir en redes sociales