
Esta semana pasaron dos cosas distintas pero que están relacionadas entre sí. Primero, se supo que el Gobierno de Gustavo Petro, a pesar de las declaraciones y promesas que hacía cuando era candidato, también usaría la aspersión con glifosato. Volverá, dirán los cercanos al Gobierno, pero de un modo distinto, menos peligroso para los campesinos, los cultivos de uso legal, el agua y la flora y fauna. Es verdad que se hará con drones, y que es más fácil controlar los efectos nocivos de un químico que algunos países, como Alemania, han prohibido en usos privados y públicos. Sin embargo, es imposible no relacionar el cambio de opinión del Gobierno, que comenzó a ambientar desde hace meses el ministro del Interior Armando Benedetti y el propio presidente Petro, con las tensiones crecientes con Estados Unidos. Algunos congresistas del Pacto Histórico, cuando estaban en la oposición, decían que no era posible volver a usarlo y otros como Petro criticaban ferozmente al presidente Duque por plantear su regreso y por arrodillarse a las imposiciones del Gobierno de Estados Unidos.
No es posible, conforme a nuestra Constitución, volver a la indiscriminada fumigación con Glifosato, en aplicación al principio de Precaución. Esta es la reiterada postura de la Corte Constitucional.
— Pedro Suárez Vacca (@suarezvacca) September 26, 2018
La aspersión aérea con glifosato es mortal, es solo una imposición del gobierno de EEUU capturado en sus agencias por intereses comerciales.
— Gustavo Petro (@petrogustavo) July 1, 2019
Para acabar con cultivos de hoja de Coca se necesita es acuerdos con las comunidades campesinas y reforma agraria
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