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Yezid Arteta Dávila
Puntos de vista

La izquierda de los hechos

“A los blancos les gusta mucho el blues. Lo que no les gusta es de dónde viene”, dice Delta Smith, el personaje del filme Los Pecadores interpretado por el carismático Delroy Lindo, mientras recorre en coche las extensas plantaciones de algodón en Misisipi. Lo acompaña un gánster y un guitarrista. Los Pecadores acumula 14 nominaciones a los Oscar 2026. Un récord en la historia del cine. La película, con una actuación estelar de Michael B. Jordan, me llevó a Sinnerman de Nina Simone, una de las canciones que escucho con frecuencia. En este video, Viejo Topo, puedes encontrar la conexión entre la película y la canción: ley seca, gangsterismo, segregación racial, supremacismo, ku klux klan, blues, nigromancia, biblia y un largo etcétera. 

“Los oligarcas de este país se aprovechan de nuestra cultura para hacer plata, pero nos odian de raíz”, me dijo una india wayúu que, junto a otras mujeres de su pueblo, tejen accesorios para unas “exclusivas” boutiques de Bogotá y tiendas situadas en los principales aeropuertos del país. A muchas “señoras” les fascina la costura indígena para lucirla en sus fiestas, pero no les gusta cómo huelen las indias que las tejen con sus manos. La comida popular del pacífico que, antes se consumía en ventorrillos y pintorescas plazas de mercado, hoy se vende como cocina gourmet en restaurantes frecuentados por políticos al uso que ponen el grito en el cielo porque a un negro lo han nombrado ministro. Los hechos que suceden en el cine –_Los pecadores_–, también ocurren en la realidad. 

Para hacer las cosas bien no se necesitan títulos y especializaciones. Solo basta con conocer la realidad y aplicar el sentido común. Tú puedes aprender a tocar el acordeón en una academia o solamente de oído. Hay músicos que apenas saben leer y escribir, pero lo hacen mejor que aquellos que pasaron años en una escuela de música. Hay un conocimiento empírico que no se puede desdeñar en aras de la formalidad. La historia está llena de líderes que han gobernado bien a sus países sin pasar por una universidad, y quienes han llevado a sus naciones a la bancarrota a pesar de los títulos que ostentan. Lula, por ejemplo, un limpiabotas y luego obrero metalúrgico, ha dirigido con sabiduría una de las economías más potentes del planeta: Brasil. En cambio, los colombianos Andrés Pastrana e Iván Duque, estudiantes de Harvard y Georgetown, ostentan la medalla del peor y del más tonto presidente de Colombia, respectivamente. 

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