
Si la reunión entre Donald Trump y Gustavo Petro termina en un acuerdo sobre narcotráfico y estrategias para enfrentar los grupos ilegales; migración y condiciones de retorno al país de nuestra diáspora; continuidad sin sobresaltos de las relaciones económicas entre los dos países; y alguna colaboración para retornar la soberanía plena y la democracia a Venezuela; Petro se habrá saludo con la suya.
Ya le han dado demasiados consejos al presidente para su visita. Algunos con el temor sincero de que este encuentro termine mal y los conflictos se multipliquen; otros con la aviesa idea de que haga a un lado su rebeldía y se someta a los designios de Trump. Yo no quiero hacerle ninguna admonición. Solo voy a hacer un pequeño recuento de los enfrentamientos y a señalar la manera como se han ido resolviendo.
En una madrugada de enero de 2025, Gustavo Petro rechazó que dos aviones militares de Estados Unidos, repletos de colombianos deportados, aterrizaran en Colombia. Habían sido encadenados y humillados. Eran migrantes que habían llegado al suelo del país del norte tras el llamado ‘sueño americano’. Donald Trump los estaba devolviendo como vulgares delincuentes.
Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios













