
En 2025 fueron asesinados 187 líderes sociales en Colombia, 14 más que en 2024. Una cifra que, en otro momento, habría provocado indignación, pronunciamientos y movilizaciones en las calles. Hoy el silencio es sepulcral. Quienes antes le exigían explicaciones al gobierno de turno —y ahora son gobierno— miran hacia otro lado. Mientras tanto, el “presidente de la paz”, prefiere hablarnos de su vida sexual.
¿Por qué estas muertes se han vuelto paisaje en un gobierno que se comprometió a reducirlas? ¿Realmente importaban o esa también fue una bandera de campaña? Lo cierto es que, durante el mandato de Gustavo Petro, esta tragedia no ha cesado. Todo lo contrario: la diferencia es que ya nadie cuenta o, peor aún, a casi nadie le importa.
Según Indepaz, el suroccidente del país concentra los mayores niveles de violencia, especialmente en Cauca, Putumayo y Nariño. Allí se cruzan grupos armados ilegales, narcotráfico y una geografía que beneficia a las economías ilícitas. En medio está la gente. Quienes ejercen liderazgo en las comunidades hacen una labor que a diario pone en riesgo sus vidas. Nada de esto es nuevo. Los llamados para que el Gobierno actúe han sido reiterados. Las respuestas, pocas.
Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios
















