
Colombia adolece de fuentes de inspiración colectiva que nos permitan concretar una identidad fuerte y, por tanto, sueños y valores comunes, en los que haya un consenso por encima de las diferencias políticas. Creo que una de esas fuentes de inspiración que necesitamos es nuestro patrimonio público ambiental, del cual Chiribiquete es nuestro mejor referente. A pesar de ser un país con enorme biodiversidad, único en el mundo, con paisajes y especies exóticas e irrepetibles, y de tener abundancia de agua, suelos fértiles y bosques, el común de nuestra población permanece ajeno y desinteresado por lo que ocurre en los territorios de los cuales depende nuestra seguridad climática y la consolidación de una incipiente democracia.
El país, que ha venido concentrando su población en los dos últimos siglos de vida republicana en la región central y caribeña, ha determinado que ese gran cinturón periférico, que ha sido llamado “territorios nacionales”, “zonas de orden público”, “territorios de consolidación” y otra larga lista de adjetivos, evidencia la dificultad que ha tenido Colombia para entender que las diferencias geográficas, culturales, sociales e históricas de estos territorios deben ser incorporadas en nuestro sistema político, en vez de intentar tozudamente homogenizar nuestra mayor ventaja comparativa: la diversidad, en toda la extensión de sus manifestaciones.
Tuve el privilegio de escuchar a James Robinson, Nobel de Economía 2024, quien daba importantes puntadas sobre el estancamiento del país durante décadas en ciertas zonas, con los mismos problemas. En general, es el país rural, la gran periferia, donde el acceso a bienes y servicios públicos, junto con instituciones en agonía eterna, se ha quedado congelado en el tiempo, bajo diferentes modalidades: ya sea alianzas políticas corruptas con la ilegalidad o el dominio de cualquier actor que controle el territorio y la institucionalidad pública, armado o inserto dentro del establecimiento. El centralismo no es más que una representación del ejercicio del poder que se repite una y otra vez en todas las escalas de gobierno. A su vez, cada vez más, lo local pierde la perspectiva del interés nacional. Tremendo enredo del que tenemos que salir algún día.
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