
Soy repetitivo en este tema: sí. Estoy obsesionado con que se mantengan unos bosques, su diversidad y la integridad de sus paisajes: también. No estoy de acuerdo con que se sigan haciendo trochas por la mitad de esos parques, ni instalando nuevos potreros, cocales, corrales y “topocheras”, como tampoco metiendo dragas, rompiendo selva con motobomba, ni metiendo miles de cabezas de ganado.
Creo en que las poblaciones campesinas deben tener condiciones apropiadas para el desarrollo agropecuario, la seguridad alimentaria, la conectividad y el acceso al mercado, que son condiciones que se dan de mejor manera en áreas cuya zonificación privilegie los modelos de desarrollo sobre los de conservación estricta.
También creo que, en Áreas Protegidas, es posible tener algunos sistemas productivos que sean de bajo impacto, y por ende favorables a la conservación, con dependencia directa de la densidad y distribución poblacional, el mantenimiento o recuperación de la cobertura original, y la desaparición progresiva de especies exóticas y principalmente, la zonificación de usos permitidos. Y por supuesto, no creo que las áreas del Sistema Nacional de Parques sean la despensa para una reforma agraria, ni para los gobiernos de turno, empresarios furtivos o al acecho, o actores armados que dominan los territorios.
Creo que la Reserva Forestal de la Nación es una enorme oportunidad para el desarrollo de la economía forestal, donde aún queda espacio para planificar ocupación del territorio, conectividad vial, asentamientos ordenados, acceso a servicios y un enorme reto de usar bosques naturales al tiempo de conservarlos y expandirlos, así como la oportunidad de hacer grandes proyectos de restauración productiva. Creo que es necesario pensar en alianzas entre comunidades y sector privado que le den el impulso técnico y financiero que aún no se logra desde lo gubernamental. También se requiere de planificación sobre densidad y distribución poblacional, sistemas agroforestales, mecanismos para garantizar conectividad y, por supuesto, desarrollar modelos de reconocimiento de derechos sobre el uso del bosque que sean atractivos y jurídicamente robustos para alejar el fantasma de que solamente la sustracción y la titulación convencional son la única salida.
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