
Durante mucho tiempo creí que el miedo a decidir era un problema central en las organizaciones. Hoy creo que eso no alcanza para explicarlas.
La parte incómoda es otra: responder por lo decidido tiene costo.
Decidir no asusta tanto cuando alguien sabe que no quedará solo después.
Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios
















