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Jorge Espinosa

La narrativa contra el Banco de la República

En esta elección presidencial de 2026, tal vez como nunca en las últimas décadas en Colombia, lo que tendremos será una guerra sin tregua por la narrativa. El gran logro retórico del presidente Gustavo Petro ha sido persuadir a una porción muy significativa de los colombianos de que las instituciones independientes del poder Ejecutivo están todas al servicio de una oligarquía egoísta, brutal y en contravía de los intereses superiores del pueblo, pueblo que solo él entiende, representa y cuida. Ese logro retórico –compartido por muchos otros mandatarios que se sienten por encima de la Historia– consiste en repetir hasta el cansancio que esos organismos solo toman decisiones contrarias al interés general porque odian al “inolvidable” presidente Petro o porque sirven a los intereses de unos pocos privilegiados. Es, en definitiva, el arte del desprestigio constante: repetir una y otra vez que todo lo que no esté controlado por el Ejecutivo, o que no haga lo que el presidente quiere, es inservible y requiere ser vilipendiado y eliminado. Era, sí, el ataque permanente de Álvaro Uribe a las cortes y a la independencia judicial, y es también la sombra de duda que Petro ha puesto sobre decisiones recientes de la Corte Constitucional.

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