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Federico Díaz Granados
Puntos de vista

La última pausa

Hace muchos años dirijo una biblioteca escolar y desde allí he podido ver la relación de muchos jóvenes con la lectura y la escritura. De igual forma asisto con frecuencia a charlas y talleres en diferentes bibliotecas publicas de diferentes barrios de Bogotá y de diferentes regiones del país y pareciera que el silencio de sus salas es una máscara frente al ruido de las pantallas. Veo estudiantes conversar, en voz baja, frente a un teléfono celular. De repente gritan como si hubiera ocurrido un gol en minuto final de un partido. Pero no. Están jugando en línea con participantes de muchos lugares del mundo. Otra forma virtual de relacionarse y crear comunidad que se hizo popular durante la pandemia. Así, los jóvenes creaban comunidad, lejos de las redes sociales donde ya estaban sus padres, tías y abuelos.

De aquel grupo en la biblioteca, unos responden mensajes por audio en WhatsApp sosteniendo el teléfono sobre un tomo de Cumbres borrascosas, que en estos días ha vuelto a circular en la sección de préstamos de la biblioteca gracias al boom de la película que está en cartelera. A un profesor le llegaban notificaciones insistentes en su reloj inteligente y otros tantos chateaban y enviaban emojis. Había un relativo silencio. Ficticio. Inexistente. Todo estaba lleno de ruido así los volúmenes de los dispositivos estuvieran bajos.

Todo esto pasa en un lugar que invita al silencio. Igual veo en las iglesias y los teatros: gente conectada todo el tiempo y sus pantallas encendidas. La inmediatez convoca a este desastre. Si esto ocurre en una biblioteca, un cine o una iglesia ya sabemos lo que ocurre en otros espacios públicos. Se ha vuelto insoportable ir a un café o restaurante. El bullicio es invasivo e irrespetuoso. La música suena a altos decibeles y desde que se inventaron que los cafés de barrio son espacios de coworking ahora toca escuchar juntas, asambleas, comités y cursos también con altisonancia. Cines, iglesias y bibliotecas, que eran lugares para la intimidad o para hacer el ritual de una comunión interior ahora, como todos, son espacios de conexión permanente.

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