
Los libros siempre fueron un refugio y mi lugar seguro en la infancia. Me gustaba que llegara la tarde sin tareas escolares para sumergirme en las páginas de algunas novelas breves, cuentos y poemas que aparecían en enciclopedias y libros de texto. Quedé fascinado por Las aventuras de Tom Sawyer y por las novelas de aventuras de Julio Verne, Robert Louis Stevenson y Herman Melville. Quizás lo que más me gustaba era prolongar muchas de esas historias en mis juegos solitarios y construir desde allí mi identidad y mi forma de observar el mundo.
Un día, mi madre llegó con la enciclopedia El mundo de los niños, de la editorial Salvat, y los dos primeros tomos estaban dedicados a la literatura: Poesías y canciones, el primero, y Cuentos y fábulas, el segundo. Estoy seguro de que en ese primer tomo encontré algunos de los versos más delicados y conmovedores del idioma. No solo me conectaron para siempre con una música y una manera de habitar las palabras, sino que me enamoraron de una lengua que me unía a una comunidad infinita y cuyos sonidos y significados me atraparon en una red de la que ya no podría escapar nunca. Afortunadamente.
Siempre sentí también que la lectura me daba herramientas vitales que yo intuía ausentes en muchos de mis compañeros de clase que no eran afectos a los libros. Sentía que tenía una independencia secreta y que podía ponerme en los zapatos de personalidades complejas: antagonistas, villanos, antihéroes y personajes secundarios. En la película La leyenda del pianista del océano, basada en el monólogo teatral de Alessandro Baricco, el protagonista cree que todas las personas tienen una banda sonora que las define. A la manera de ese personaje, Danny Boodmann T.D. Lemon 1900, pianista del Virginian, siempre pensé que cada persona tenía su correspondiente en algún personaje de la literatura. Quizás por eso todavía me pongo del lado de los débiles, de los frágiles y de los perdedores. De alguna forma, la lectura me enseñó a tratar de responder algunas de las grandes preguntas que nos hemos formulado desde que nuestros primeros antepasados habitaron la Tierra.
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