
El próximo mes de junio se estrenará la película La Odisea dirigida por el gran Christopher Nolan. Ya han aparecido los primeros avances y, por supuesto, los comentarios y polémicas han nutrido las redes y medios de comunicación. El papel de Odiseo estará a cargo de Matt Damon, Anne Hathaway será Penélope y Tom Holland como Telémaco. De igual forma, Zendaya representará a Atenea y Lupita Nyong'o como Helena de Esparta. Nuestro compatriota John Leguizamo aparecerá como Eumeo, el fiel sirviente de Odiseo. Buen elenco, gran director, la mejor de las historias. Está todo servido para que salga bien.
Volvemos a los clásicos. Siempre regresamos a ellos. Son clásicos precisamente porque han respondido nuestras eternas preguntas sobre la experiencia y el destino humano y siguen respondiendo a esas inquietudes no importa la época o la latitud. Seguimos encontrando allí muchas de las verdades y certezas que justifican nuestro paso por el mundo. Nos siguen revelando belleza.
Releer e interpretar a los clásicos es una tarea de todas las generaciones. Adaptarlos a otros lenguajes es una necesidad de los recursos de cada tiempo. No hace mucho releí el texto La utopía de la lectura, un breve y fascinante ensayo del escritor rumano Mircea Cărtărescu. En él nos narra cómo en una mañana de otoño se sentó en su terraza con una taza de café y su gato birmano y abre La Ilíada en su teléfono móvil. ¡Por Dios! Leer a Homero en una pantalla digital es acaso un sacrilegio o una prueba más de que la literatura y la verdadera poesía de siempre han sobrevivido al paso del tiempo tal cual ocurre con cada adaptación de la épica griega al cine o a la televisión. Entonces lo que en realidad se pregunta Cărtărescu no es si los clásicos deben leerse en papel o en pantalla, sino por qué algunos libros sobreviven a los siglos mientras la mayoría desaparece antes incluso de ser escritos. El escritor rumano nos recuerda que “el edificio de la literatura se levanta sobre una montaña de escombros: miles de libros mediocres olvidados que sostienen la visibilidad de unos pocos verdaderamente necesarios”.
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