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Rodrigo Botero

Minerales de tentación

Esta semana, el presidente Lula expresaba públicamente su preocupación por las potenciales acciones militares de Estados Unidos en la región, y más concretamente en su país. La confluencia de economías y grupos ilegales asociados al tráfico de narcóticos, armas y minerales, con zonas de alto valor estratégico por la existencia de ‘tierras raras’, usadas en la carrera de la Inteligencia Artificial y la transición energética, es un escenario perfecto para las intervenciones militares que ya empiezan a volverse paisaje común y narrativa aplaudida por los áulicos del ‘balín’. 

Para cerrar ese teatro de operaciones, la gran China ha venido construyendo un poderoso proyecto, el más importante de la historia reciente, el de la Ruta y Franja de la Seda, que incluye puertos, carreteras, hidrovías e hidroeléctricas, además de los acuerdos comerciales sobre petróleo, carbón, aceite vegetal, carnes, soya y muchos otros elementos de intercambio tecnológico y comercial, académico y de investigación —es decir, una política integral de asociación—. Los Estados Unidos están tratando de cambiar esta tendencia regional de aproximación a la China —como lo señalan los textos de la nueva política de seguridad—, y la intervención militar está dentro del menú de opciones ya sea directa o a través de un ‘tercero’. 

Como lo señalaba en las columnas del 12 y 26 de febrero, este contexto de confrontación e intervención inminente se da con especial énfasis en las fronteras continentales de Colombia, desde los límites con Panamá hasta el Sucumbíos ecuatoriano, pasando por el Loreto peruano, el interfluvio Solimoes, Icá y Japurá hasta Rio Negro del Brasil, y cerrando desde el Orinoco hasta el Catatumbo venezolano. Del lado colombiano existen grandes áreas de protección ambiental, además de zonas de comunidades indígenas y negras que, en general, se hallan subsumidas en altos niveles de violencia armada y economías ilegales dominantes, y entre el narcotráfico y la minería ilegal. La totalidad de los grupos ilegales armados organizados (GAO) colombianos hacen presencia en estas zonas, e incluyen movilidad, aparición desde itinerante hasta permanente, reclutamiento, y relaciones con instituciones de cada país que abarcan un amplio espectro y pueden ser de connivencia, cooptación o de acciones armadas en su contra. Otros grupos armados, como el Tren de Aragua, el Comando Vermelho, el Primer Comando Capital, Los Lobos y los Mexicanos, así como los de piratería peruana —por solo mencionar algunos de ellos— también hacen presencia en estas fronteras con un diversificado portafolio de negocios, unos bajo el manto de la ‘legalidad’ y otros en el espectro de lo prohibido. 

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