
Hace un par de semanas veía una enorme máquina retroexcavadora abriendo una carretera dentro del Parque Nacional Chiribiquete, mientras, alrededor, una espesa capa de humo inundaba el aire que se respiraba con ese característico aroma del bosque incendiado que cubría la totalidad del horizonte al tiempo que este quedaba convertido en cenizas anónimas. Miles de hectáreas de bosques íntegros en el suelo, unos ya quemados, otros a punto, mientras las carreteras que conectan el Ariari con el Caguán siguen abriéndose, puliéndose y recibiendo ganado, y moviendo otras cosas que no tocaré en esta columna.
Revisando los datos, en los siete municipios que hay en este cinturón amazónico de frontera agropecuaria, desde Cartagena del Chairá hasta Miraflores, en los últimos ocho años han ingresado más de 1,2 millones de vacunos en los municipios donde se concentran las más de 700.000 hectáreas deforestadas en el mismo periodo. Allí mismo es donde cada año se hacen más de 1.000 km de trochas nuevas, que se construyen dando paso a una celerada transformación del paisaje boscoso, en grandes praderas, y donde el 92 por ciento de la deforestación total se ubica a menos de dos kilómetros de los ejes viales. No hay sitio en el continente donde se dé un fenómeno tan intenso en el mismo periodo. Y aquí, algunos echando voladores con datos viejos…
Para quienes tratamos de seguirle la pista a la ubicación del ganado, aquí es donde el país empieza a dar palos de ciego, pues el siguiente nivel de detalle, después del municipio, es la vereda, donde se registra gran parte de la vacunación, dado que los datos de georeferenciación no corresponden con los de predio de origen de los animales. Por esta razón, en el momento de hacer el seguimiento, lo que encontramos realmente son “puntos de registro de vacunación”, que, si bien nos dan una idea de la localización de los hatos vacunados, no es precisa frente a la ubicación de la finca donde pastorean. Aquí se presentan diferentes fenómenos, desde el control de grupos armados que no permiten la entrada de vacunadores a ciertas zonas hasta la movilización de ganado desde la finca de origen hasta sitios de vacunación, sin que se permita identificar si el ganado estaba en tierras de resguardos invadidos o parques nacionales, como ha sido documentado en veredas contiguas a sitios como el resguardo Nukak o el Parque La Macarena, que son verdaderos hubs de vacunación regional.
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