Ir al contenido principal
Marta Orrantia
Puntos de vista

Ya no queremos flores

Las elecciones del pasado 8 de marzo nos tuvieron tan ocupados que casi que pasó desapercibido el Día de la Mujer. A pesar de las consabidas flores y de los mensajes de felicitaciones, que a estas alturas resultan cosméticos, vi poca reflexión al respecto y, al contrario, leí muchos comentarios que me hacen pensar que no hemos aprendido nada todavía. 

Como todos seguimos teniendo la cabeza en la política, me voy a referir a dos casos de mujeres candidatas que han sido vilipendiadas en público, de formas grotescas. La burla que hizo el caricaturista Matador a Paloma Valencia por su peso fue una de ellas. Increíble que a estas alturas todavía recurramos a métodos ramplones para referirnos a las mujeres y seamos una sociedad tan misógina que pensemos que el cuerpo de una mujer es un objeto que se puede humillar y maltratar a discreción. 

Leí también ayer en un chat privado a un personaje que hablaba de Aída Quilcué, la senadora indígena a quien Cepeda invitó a ser su fórmula vicepresidencial. El comentario era tan desobligante que es imposible repetirlo, pero se burlaba de sus capacidades intelectuales y de su etnia. Además de emprenderla injustamente contra una mujer valiente y preparada, sin siquiera molestarse en ver sus credenciales, se evidencian un racismo tremendo y una discriminación cultural vergonzosa. Tal cual lo que le pasó a Francia Márquez, y no nos digamos mentiras, pero la gente se siente usualmente más empoderada para criticar a las mujeres afro y a las indígenas que a los hombres de las mismas comunidades étnicas.

Regístrate para seguir leyendo

Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión

Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir artículo en redes sociales