
Regresamos a la Luna y estamos nuevamente asombrados. Es una buena noticia que, en medio de los bombardeos, los asedios y las guerras por defender unas líneas imaginarias llamadas fronteras la humanidad haya estado diez días pendientes de la belleza y el misterio. Otra vez la poesía y la ciencia como protagonistas gracias al viaje del Artemis II. Carl Sagan, que nos recordó tantas veces que la astronomía era la más clara experiencia de humildad humana, otra vez, como siempre, tenía razón. Este viaje parecía una nueva, lenta y obstinada excavación en la conciencia humana y la Luna, esa Luna que nos pertenece a todos, era el mejor pretexto para comprendernos a nosotros mismos como si al alejarnos de la Tierra intentáramos recordar algo que olvidamos hace millones de años cuando fuimos una minúscula materia temblorosa que latía en medio del infinito silencio del universo.
No en vano, el disco The dark side of the moon de Pink Loyd comienza con el sonido del latido de un corazón humano. Luego vienen cuarenta y dos minutos de un profundo viaje musical y sensorial por esa conciencia. La poesía se anticipó, como siempre, y fueron los cuarenta y dos minutos que la tripulación del Artemis II perdió contacto con la Tierra cuando atravesó el lado oscuro de la Luna. ¿Cómo sería aquel silencio en el espacio mirando los cráteres, las dunas y las montañas rocosas de la Luna? Con seguridad, el latido de esos corazones de los cuatro tripulantes era la mejor música frente el silencio universal. Algún poeta dijo que “los humanos nacen listos para entender la poesía porque el corazón late en pentámetro yámbico”. Ante la profundidad de aquel silencio del universo, detrás de la Luna, allí hasta donde solo habían podido llegar los escritores de ciencia ficción y Pink Floyd, el corazón de los tripulantes latían al compás de los versos de siempre. Durante esos minutos se interrumpió la comunicación con la Tierra y ni una voz, ni una señal dieron noticia de esos cuatro humanos que estaban detrás de la Luna. El latido es un pulso grave, una melodía que nos recuerda el origen, el principio de todo, cuando éramos una piedra rocosa flotando sobre el espacio donde unos microbios comenzaban a palpitar e iniciar así la maravillosa aventura de la vida.
Aquellos corazones latiendo en el espacio repitiendo con Pink Floyd ‘Speak me’. Háblame. Respóndeme. Recuérdanos que nos estamos solos en esta nada donde titilan millones de estrellas que murieron hace millones de años y cuya luz apenas llega a nosotros para recordarnos la permanencia. Es el latido del corazón humano y las estrellas titilando como plegarias de lo que somos frente al polvo lunar allí a la intemperie.
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