
Casi cómico, si no fuera trágico para Colombia, resultó el operativo de respuesta del Inpec en la cárcel de máxima seguridad de Itagüí tras las filtraciones sobre la parranda vallenata que tuvieron allí el pasado miércoles varios jefes de las bandas criminales de Medellín y del Valle de Aburrá, lo que indignó al país y llevó al Gobierno nacional a suspender los diálogos de paz que sostenía con ellos.
“62 neveras, 7 televisores, 11 estufas eléctricas, sofás, sillas, aires acondicionados, una lavadora, una PlayStation, un módem wifi, drogas, aguardiente, champaña y vodka” fueron decomisados, según el reporte del Inpec, como resultado del operativo en las celdas de los jefes criminales. Más parecía el inventario de una tienda por departamentos que el balance de la inspección a una prisión de máxima seguridad.
Las autoridades carcelarias salieron peor del fallido intento por demostrar control y autoridad sobre los presos de Itagüí, que evidentemente no tienen. Las 62 neveras, los televisores y demás enseres no entraron solos a las celdas de los capos de la delincuencia en Medellín y su área metropolitana.
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