
Las inundaciones en Córdoba encendieron nuevamente las alarmas sobre el funcionamiento del sistema ambiental colombiano y su escasa capacidad de regulación. La combinación de agencias e instrumentos no está funcionando y en ambas orillas hay quejas. De una parte, un sector del país asociado al adelanto de proyectos de desarrollo económico, señala que en general los procesos de licenciamiento y permisos son demasiado lentos, engorrosos, inútiles y muchas veces cargados de corrupción. Del otro lado, en el lado ambiental, hay quejas permanentes sobre la calidad de los estudios de licenciamiento, sobre la resistencia de las empresas a incluir cada vez más los estudios sobre impactos indirectos, acumulativos y sinérgicos, y sobre el uso del poder político y económico para pretender incidir en las decisiones finales de las autoridades ambientales sobre los instrumentos de licenciamiento y permiso, e inclusive sobre la imposición de penas. En síntesis, no hay dialogo entre el desarrollo y la conservación, y el país tiene cada día más escenarios de impacto ambiental de gran escala y, por otro lado, un rezago gigante en inversiones de básicas de desarrollo en diferentes frentes sectoriales.
Los ejemplos son numerosos, y creería que es importante buscar una salida que no implique la desaparición o minimización del “otro”. No creo que —en la misma línea de lo que ha ocurrido en Estados Unidos y otras replicas latinoamericanas—, la salida sea desaparecer los ministerios de Ambiente, volviéndolos apéndices de los sectores de minas, energía o agricultura, ni tampoco decapitar la independencia de las agencias de licenciamiento ambiental, o modificar la legislación para “flexibilizar” las restricciones ambientales en las zonas del país que la ciencia ha permitido identificar por su alta sensibilidad a la transformación, pero, más importante aún, el mantenimiento general de una estructura ecológica que nos permita como país —no solo local o regionalmente— poder adaptarnos de mejor manera al calentamiento global y a los eventos climáticos extremos que son cada día más visibles.
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