
En la ganadería amazónica, ni todo es ilegal, insostenible y de origen oscuro, como tampoco todo es sostenible, de pequeños campesinos y desconectado de la apropiación de tierras y economías ilegales. Hay oportunidades, pero también riesgos en el ordenamiento de la actividad ganadera en la principal zona forestal del país. Lo sensato será mejorar sus condiciones de producción en donde sea legal y ambientalmente posible, y restringirla donde ni legal ni ambientalmente sea aceptable. Equitativo y justo debe ser que una población campesina con arraigo cultural por la ganadería pueda desarrollar su actividad en las zonas aptas para ello, y ojalá, siendo propietaria de sus animales.
Los datos son contundentes: durante los últimos siete años, cada año, un promedio de 200.000 bovinos han entrado en los municipios con mayor deforestación del país (todos alrededor de Chiribiquete). En total, 1,5 millones de nuevos animales que se vacunan anualmente en municipios donde se han perdido más de 700.000 hectáreas en el mismo periodo, es decir, 100.000 por año, y con una capacidad de carga de dos animales por hectárea nueva deforestada.
Entonces, el gran reto es evitar una expansión ganadera de unos pocos dueños de ganado que utilizan los bosques y tierras públicas para su acaparamiento, a costa de campesinos vulnerables que arriendan pastos y cuidan ganado, reciben los terneros para cebarlos y ordeñan vacas de los patrones. Esto, sin mirar los recursos de los cuales proviene esa comercialización de animales y de tierras, que dinamiza la economía regional.
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