
Terminó la FILBo 2026. Creo que la he visitado en todas sus versiones desde 1988 cuando se realizó por primera vez y siempre me queda una inmensa nostalgia, en medio del agotamiento, de los días vividos, de las conversaciones con los amigos y colegas, los reencuentros y las novedades. Este año participé en varios eventos y moderé algunas presentaciones y mesas entre ellas una con el poeta argentino Hugo Mujica, uno de los más representativos de la actualidad y quien, por la impronta de su obra en la patria de la lengua española, fue uno de los que mejor encajó en el tema de este año: “Escucharnos es leernos”. Su poesía siempre ha sido un volver al silencio, un regreso a esa pausa que llena de música, ritmos y fuerza a las palabras. Para él, el silencio no es un retiro ni una renuncia sino un volver a la semilla primigenia. Es regresar al origen para recordar que el silencio exige y muchas veces incomoda. ¿Pero qué sería de la poesía de siempre y de nuestros relatos de siempre sin habitar ese silencio que viene de un lugar anterior al lenguaje?
“Escucharnos es leernos” parecería una contradicción en un país que ni lee ni escucha, pero la invitación que nos hizo la FILBo 2026 fue precisamente a reflexionar sobre esa pausa necesaria y la urgencia a aprender a escucharnos para leernos mejor como sociedad. Al escucharnos y leernos podremos descifrar nuestras diferencias e identidades para encontrar quizás unas nuevas formas de acordar un nuevo contrato social. Ahí la literatura es transversal a un amplio diálogo social a pesar de venir de las individualidades y voces personales de quienes la cultivan, pero siempre nos invita a identificar nuestras emociones, a afinar la intuición, a ser más exigentes con el lenguaje y, de ser posible, a desarrollar la solidaridad y la empatía al ponernos en los zapatos de unos personajes que nos maravillan.
Tal vez allí esté uno de los desafíos más hondos de nuestro tiempo y es el de aprender a escucharnos para poder leernos como comunidad. En este tiempo de velocidades e inmediatez, la conversación y la lectura son lugares de pausa y de vínculos. La conversación nos permite ser más conscientes de nuestras pluralidades y diferencias, pero también de nuestras dudas y certezas. Todo eso necesario para la convivencia. De ahí que las palabras de Hugo Mujica sean pertinentes en estos momentos: el lenguaje no es un instrumento, sino una morada. No habitamos las palabras, sino que somos habitados por ellas y si el lenguaje deja de ser una herramienta de control y se convierte en un espacio de escucha, entonces la poesía recupera su dimensión originaria de ser una forma de conocimiento.
Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios















