
Tiene algo de cómico ver cómo se crispa y alza la voz cada vez que percibe que lo están cuestionando. El volumen va subiendo y ahí la suerte está echada: es que no puede evitar descalificar a quien le pregunta o lo controvierte.
Tiene mucho de paradójico llevar toda una vida presumiendo de sibarita, cosmopolita y tenor en Rigoletto, para que en otra entrevista intente forzar a una periodista a mirar una foto en la que se supone se le insinúa la entrepierna. Ah, y que gracias a su atributo ha logrado conquistar simpatías femeninas.
Eso no es cómico, como tampoco lo es el enorme poder que tiene un presidente en nuestro país.
Un presidente en Colombia tiene en sus manos un poder que no puede ser subestimado. Es jefe de Estado, jefe de Gobierno y suprema autoridad administrativa; además, tiene la facultad de nombrar y remover ministros, directores de departamentos administrativos y otros altos funcionarios, y la dirección de la fuerza pública como comandante supremo. Esa fuerza pública está integrada por las Fuerzas Militares y la Policía Nacional, de modo que desde la Presidencia se orienta la línea política sobre Ejército, Armada, Fuerza Aeroespacial y Policía.
A eso se suma una capacidad enorme de acceso a información y de poner las cabezas de importantes órganos: el director de la DIAN es de libre nombramiento y remoción del presidente; el director de la UIAF también es nombrado por el presidente; y la DNI, como organismo civil de inteligencia estratégica y contrainteligencia, atiende requerimientos del presidente y del alto Gobierno.
Quien gana la Presidencia tiene en sus manos seguridad, inteligencia, recaudo tributario, aduanas, información financiera sensible y buena parte de la burocracia nacional.
Los infortunados episodios con María Lucía Fernández, de Noticias Caracol, y con la periodista del programa digital Piso 8 son otro episodio más de la manera en que Abelardo de la Espriella se ha relacionado con la prensa y con quienes lo hacen sentir incómodo.
A la vista de todos están los antecedentes anteriores. En enero de 2026, la FLIP manifestó su preocupación por las acciones judiciales anunciadas contra Ana Bejarano por una columna sobre Álex Saab; y en noviembre de 2024 cuestionó una tutela presentada contra cinco periodistas de Tercer Canal por opiniones e información relacionadas con su ejercicio profesional. Vorágine, con base en cifras atribuidas a la misma FLIP, publicó además que entre 2008 y 2019 De la Espriella acumuló 109 denuncias por injuria y calumnia contra periodistas. Muchas de esas acciones no prosperaron en los estrados, pero dejaron un efecto evidente: desgaste, miedo y presión económica sobre quienes hacen periodismo crítico. Ese antecedente pesa mucho más ahora que aspira a la Presidencia. Un abogado que usa el aparato judicial para intimidar periodistas ya representa un riesgo; imagínenlo con el poder presidencial en las manos. Imagínenlo perdiendo las proporciones ante los traspiés y cuestionamientos que son del día a día en una democracia.
Cuál será su talante y su reacción cuando el Congreso le haga control político, le cite ministros, le hunda reformas o le exija explicaciones por decisiones de gobierno; cuando las cortes le pongan límites, tumben decretos, frenen excesos o le recuerden que el poder presidencial también está sometido a la Constitución; o cuando la ciudadanía salga a protestar por una reforma impopular, por un abuso de autoridad, por una decisión económica o por cualquier medida que afecte derechos. Si desde el litigio privado ha mostrado una relación hostil con periodistas y voces críticas, la pregunta resulta inevitable: ¿cómo actuaría con la fuerza jurídica, burocrática y coercitiva de la Presidencia en sus manos?
En una dignidad como la Presidencia, la personalidad y el talante tienen mucha importancia. Para la muestra están los tristemente célebres episodios que nos ha dado el presidente Petro a los colombianos semana tras semana.
Perder los papeles frente a preguntas y cuestionamientos válidos en un sistema democrático pone en evidencia un ego muy frágil que, combinado con el enorme poder de un presidente, da miedo, mucho miedo.
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