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Maurice Armitage

Los merecidos

Tengo una preocupación rondando mi cabeza últimamente: que, sin darme cuenta, mis nietos se acostumbren a solventar sus necesidades fácilmente, sin luchar mucho. Tal como les pasa a los merecidos, esos personajes que nunca tienen que llorar para pedir tetero porque siempre hay alguien a su lado para dárselo inmediatamente, lo cual hace que crezcan dentro de una burbuja, como lo escribí hace tres semanas.

No me malinterpreten: hay merecidos que son magníficos seres humanos. El problema de quienes lo han tenido todo desde que nacieron es que pueden llegar a creer que esa abundancia es un derecho inalienable. Por eso les recomendé a mis hijas que pusieran especial atención a esta parte de la educación de mis nietos: que lograran que fueran jóvenes sanos, educados y, lo mas importante, que tuvieran conciencia social; que entiendan las necesidades del otro y no se sientan superiores por su condición económica. Porque en Colombia, desafortunadamente, sobran los merecidos.

Ellas saben muy bien a qué me refiero porque no son así, pues les tocó verme luchar constantemente para salir adelante. Cuando estaban pequeñas me vieron coger bus para movilizarme, notaron mis angustias cuando no tenía para pagarles el colegio o me veía a gatas para cancelar el arriendo, e incluso presenciaron lo desalentador que puede llegar a ser que unos funcionarios lleguen a la casa con una orden para embargar las pertenencias familiares.

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