
Nos han mentido otra vez. Igual que siempre. A los que creyeron y a los que no. A los que los apoyaron y a los que los vituperaron. Nos mienten como a niño chiquito que le prometen un helado para que deje de llorar y nunca le cumplen. Y el niño lo olvida. Somos menores de edad de esta sociedad manejada por adultos irresponsables, especialmente porque mienten a sus electores. Y, de manera particular, porque se mienten a sí mismos.
Son unos tristes Pinochos. Ojalá se astillen.
Miren ustedes a nuestro actual presidente de la República, que ganó gracias —entre otras cosas— a varias y muy convincentes promesas de cambio y que está a punto de terminar su mandato con una serie de incumplimientos a cuestas, hay que decirlo.
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