
Lo dicen con una seriedad pasmosa. Lo he oído en reuniones, en televisión y lo he leído en documentos sesudos: la izquierda no sabe de seguridad, mientras ese sería el punto fuerte de la derecha. A la luz de estos cuatro años de gobierno de Gustavo Petro, podría conceder la primera parte de la afirmación. Una política de seguridad no se reduce a combatir la corrupción ni a ordenar bombardeos cuando el caos arrecia, como lo hace el presidente. Al mismo tiempo, el programa de Iván Cepeda, aunque se fija en lo estructural, no responde a la urgencia de recuperar territorios como el Cauca y el Catatumbo, más allá de los diálogos humanitarios.
Pero si la izquierda no sabe de seguridad, en cambio la derecha tampoco. Porque si miramos hacia el pasado, los gobiernos de derecha lo que hicieron fue la guerra. Y nos dejaron como herencia nueve millones de víctimas; medio millón de civiles asesinados; cientos de miles de desaparecidos; y extensos territorios bajo control criminal.
Una de las causas de este fracaso es que, durante años, los gobiernos de derecha, bajo la consigna de derrotar a las guerrillas, delegaron la seguridad en civiles armados, incluidos actores ilegales y narcotraficantes. El fenómeno paramilitar no fue una excepción sino un rasgo estructural de la contrainsurgencia en Colombia, como lo ha documentado la JEP. Y lamento decir que tuvo alto grado de consenso dentro del establecimiento.
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