
¿Terminará César Gaviria decidiendo?
Todos los ojos se están dirigiendo al jefe del Partido Liberal. Después de una jornada que le dejó más de 2 millones de votos para Senado, Gaviria podría tener la capacidad de inclinar la balanza a favor de Petro o de Fico. Sin embargo, no la tiene fácil.
Por: Redacción Cambio
El 2021 terminó mal para César Gaviria. Muchos nombres importantes para el Partido Liberal se habían alejado de la colectividad. Juan Manuel Galán, quien hizo posible 30 años atrás la elección de Gaviria como presidente, había hecho toldo aparte y refundado el Nuevo Liberalismo. Horacio José Serpa, hijo del jefe liberal que no alcanzó jamás la Presidencia, pero que era tratado con la dignidad de un expresidente, se había ido hacia la Coalición de la Esperanza. Luis Fernando Velasco, senador caucano que había pasado más de veinte años como parte de la bancada liberal en el Congreso, decidió unirse al Pacto Histórico de Gustavo Petro. Los últimos precandidatos liberales que habían competido por la representación del partido hace cuatro años, Juan Fernando Cristo y Humberto de la Calle, también se habían marchado hacia la coalición de centro. En fin, Gaviria parecía haberse quedado solo en la casona de la Avenida Caracas, con las llaves pero sin la gente.
Sin embargo, el 13 de marzo fue un día de celebración. Como muchos esperaban ver caer al expresidente por nocaut, el hecho de que no hubiera debacle sino una pérdida más bien pequeña lo convirtió en ganador. El Partido Liberal, que tenía 15 senadores, se quedó con los 15. Obtuvo casi el 13 por ciento de la votación nacional y fue la tercera fuerza del país por encima, entre otros, de la Coalición Centro Esperanza, el partido de gobierno, Centro Democrático, Cambio Radical y el Partido de la U. En Cámara las cosas no estuvieron tan bien, pero tampoco estuvieron mal. De 35 representantes pasaron a tener 32 y se conservaron como la mayor bancada. Los que han hablado con Gaviria dicen que se ríe socarronamente diciendo que los que se fueron son los mismos que no tenían votos. Y en verdad, con excepción de De La Calle, todos los disidentes se quemaron.
Detrás del esplendoroso resultado hay muchos acuerdos que hablan más del pragmatismo del jefe liberal que de la desdibujada ideología del partido. Por ejemplo, uno de los mayores aportantes a la victoria fue el condenado Eduardo Pulgar, quien se trasteó del Partido de la U, donde había sido elegido hace cuatro años con más de 80.000 votos. Pulgar no solamente conservó su cauda, sino que la aumentó poniéndole 110.000 votos al gran Partido Liberal y a su cuñada Claudia María Pérez Giraldo, una ilustre desconocida que logró una de las mayores votaciones liberales. También ató al ferrocarril liberal el muy conservador vagón de los cristianos con Sara Castellanos, hija de pastores y grandes electores que, sin embargo, apenas entró con los justos 63.000 votos para ser la última elegida en la lista liberal. A pesar de los más y los menos el resultado le entregó a César Gaviria un aire nuevo y al Partido Liberal la posibilidad de inclinar la balanza, porque es la fuerza política más grande que aún no se ha comprometido con una causa presidencial.
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